He visto discusiones en las redes sociales sobre si estamos viviendo consecuencias del cambio climático o de la variabilidad climática. A mí me dan igual las discusiones, simplemente estamos siendo golpeados. ¡Y bien duro!
Que si vulnerables, que si agotamos la capacidad de resiliencia, que si mala planificación... a todo sí, ¿y? ¿Avanzamos con reconocer eso?
La realidad es que es poco probable que la gente que vive en zonas vulnerables el Estado las va a mover o ellos se van a querer ir. Yo lo veo en Santa Ana, la gente ha vivido todos sus años en las riberas de los ríos; o sea, son santanecos de hueso colorado. Hemos conversado sobre vulnerabilidad, riesgos de cabezas de agua y hasta de muertes...
“¿Y adónde nos vamos a ir?” —dicen
“A un lugar más seguro” —digo
“¿Quién nos lo va a dar?” —preguntan
“El Gobierno” —respondo, y cuando doy esa respuesta ni yo me la creo...
Pareciera fácil hacer comentarios y dar cátedra sobre lo que vivimos, y hasta ser solidarios durante estos días de emergencia, pero la realidad es que, sea por efectos del cambio climático (que estoy seguro que lo es), o de la variabilidad climática (podría aceptarla con un listado de peros...), de la mala planificación (absolutamente de acuerdo) o de la pérdida de la capacidad de resiliencia (podría también estar de acuerdo), es que la solución NO es fácil.
¿Qué hacer?
¡Relocalizar gente!
Y esto es bien complicado, porque se tendría que hacer una valoración económica (que incluya costos sociales, ambientales y financieros) y no simplemente una valoración costo-beneficio (cuánto cuesta el lote donde meteré a la gente), porque si de algo estoy convencido es que alguien que viva en Santa Ana no se moverá a otro cantón; o sea, la solución para santanecos es en Santa Ana.
¿Quién debe hacer la relocalización?
Ministerio de Vivienda, IMAS, INVU, Comisión de Emergencia en coordinación con la Municipalidad. Esto es tan caro que sobrepasa cualquier presupuesto municipal.
Yo estoy seguro que, una vez que pase la emergencia, el tema se echará al olvido y tendremos que esperar a que otro evento meteorológico, producto del cambio climático o de la vulnerabilidad o de la falta de planificación o de la pérdida de resiliencia, nos vuelva a afectar.
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